Liencassé # 2


Dejaré que los ríos me inunden melancolía,
que mi sangre sea líquido deslucido
por donde una vez pasó su nombre.

Dejaré que el viento eche los papeles al olvido y a su deriva,
que mis manos permanezcan frías y perdidas en mi sueño incompleto,
que el desgano me posea,
que pasen cuatro buses para quedar a solas en mi estación,
que los deberes,  las cuentas  y las palabras se acumulen
y que el entusiasmo al  fusilarme me lleve a rastras al paredón.

Guardaré la angustia en mi silencio de biblioteca,
las noches dormidas en la almohada de su cama,
el piyama a cuadros y a su ser infante perseguido,
noctámbulo grito de pesadilla.

(no concluso, mal engendrado)

Liencassé # 1


Qué eran tus manos sino dos aves huidizas
la noche ha acaecido y mis ojos aún más abiertos que el alba
cómo te es posible ocultar las tímpanos ante el sollozo.

Hay una niña en altamar bajo el cielo azulino
qué es la libertad, se pregunta
el cielo aún no responde,
tampoco el eco de las voces de ultramar,

Cómo pretendes ocultar el llanto,
atragantándolo en la acidez de la epiglotis,
Decidirás irte en un velero sin rumbo.

Nadie preguntará tu ausencia.

.


Observa el charco donde tu rostro ha caído
y estremécete.

dicen que la primavera arribó el 23
pero hoy casi a mitad de noviembre
la tarde se despide en traje húmedo y gris
yo no tengo nada que ofrecerte
las manos me han quedado vacías de tanto atrapar al viento
es más, nada quiero otorgarte
nada más que mis fieras muertas y mis malos sueños enlodados.

Durante un tiempo no me he sentido más que carne exhibida.

Una anatomía sugerente en medio del anfiteatro romano

Porque fue sábado, luego domingo


He de asirme de sus ojos
como si fuesen columpios matutinos
en aquel parque de olivos melancólicos.
He de asirme fuerte
adherida como animal lactante a la carne de la madre,
y sangrarme del pecho,
hecatombe de aquellos
que aman la libertad de los estados salvajes.

No me importan tus manos reducidas a mi rostro,
yo te pido solo que no atrapes el sol para alguien,
solo que me dejes la ventana silenciosa y la mirada perdida
pues hay quienes,
como yo en mis días,
que somos versos extranjeros
que no se hallan en nadie,
que no encuentran asilo en la boca de los amantes
y que han llenado las maletas de rumbos imprecisos,
de amores no olvidados
y de miedos que se obstinan a morir.

Humedad


¿Qué había hecho yo de mí
al tocarme los muslos y sentirme excitada?

Deslizar
deslizar los dedos
desde el monte hasta las rodillas,
deslizarme como fiera boreal,
como animalillo nevado que resbala,
tundra gimiendo.

Como si corriera a la plaza,
precipitación incontenible de saliva
de mares humanos,
y abrazar a mi amante,
tan humedecida 
como leona que se ha parido a sí misma.

Aquí entre calles oscuras
la vida me abre la boca
garganta ocaso rojizo
pasadizo de humo
cigarrillo estertor vespertino.

Cómo los alientos se mezclan,
manos etéreas entrelazadas,
cómo perdonas mi ausencia
la negativa a tus gestos observar.

Caer en estado hipnótico,
tú,
péndulo multicolor que gravitas sobre mis pechos.

(inconcluso o no tan bien hecho)

Anegación de lo recírproco


No estoy pidiendo los rostros de nadie,
no deseo miradas detenidas sobre los hoyos de mi lengua.
no deseo a mis hoyos haciéndose aún más profundos
como queriendo ser reservorios de tu saliva.

Ya no tengo colores que ofrecerte
porque hoy mi cuerpo es solo objeto,
y es tan áspera tu voz
que raspa y desolla
la mejilla lado de luna que besa.



Empantanadas

Estoy sentada sobre la banca de un parque, rejas alrededor, rejas verdes como prolongaciones de hierba. Ahora que me siento una bestia encerrada, una bestia con la soga desecha de tanto tensar, de tanto tirar sin haber lamido algún rayo de sol,  me sudan las manos, los poros de la nariz se dilatan y la ceja derecha se arquea o ¿es una arcada, el estómago movimiento violento, lo que se pronuncia en mi rostro? Sea lo que sea, rondan en mi mente animales muertos, no los espanto así circundan un perímetro delimitado, un pedacito de área entre mi ombligo y la colina nido de araña ave apareada pubis hueso sin nombre.

Fue hace 22 horas que el viento me trajo tu pelo para quedarte dormido, así acurrucado como cachorro descubierto al mundo, hecho un ovillo que al desenredarse se detiene en el puerto de los huecos de mi cuerpo. Aún no entiendo cómo nadas, cómo te escurres y chapoteas en mi líquido cefalorraquideo, cómo haces que mis hombros tomen forma cónica, triángulo agudo que acusa al cielo, rombo cometa de niño libre niño cristal. Ya son 23 horas de la fuga de tu pelo y aquí el asiento que encuadra la carne de las nalgas, se consumió el cigarrillo entre mis dedos como si el universo se extinguiera con tan solo intentar tomar aire para que la vida no se me apague.

Que solo quiero hablar contigo, me he dicho, pero me lo dije bajito así mi boca no se enteraría de mis intenciones no premeditadas. Que solo quiero que duermas mientras dibujas los contornos del cuerpo que aún no soy, que aún no inventas, paisajista de siluetas, destello traslúcido del alba.