Prosopagnosis

No conozco el tono interior de tu voz susurrante,
movimiento no sincronizado de los iris tuyos ante la marea de mis manos.

Ignorancia desesperante
Uno que de gnosis solo aprehende,
que sola roza la idea que eres,
el platónico realismo de tu esencia,
de tu ser inalterable escondido cúmulo de hojas de otoño.

Y tomo esa idea vivencia olvidada,
asombro ante el mundo tuyo que se niega a develarse
y la atesoro,
te atesoro paloma caída de nubes.

Me encuentras rincón agazapada
medio ida pluma navegando en el viento,
me encuentras entre la multitud,
allí,
sinapsis detenida,
masa que traga hambre de burro
que devora insatisfecha,
dolor que se aloja entre garganta y pecho,
dolor tan hembra tan incendiario tan mío.

Pero quizás solo estoy olvidando sentir
olvidándome de mi misma,

Olvidando el tacto de mis pechos,
al placer superficie blanda continente oculto.
La misma flor y mano,
me deshojo
ausencia de néctar
para que no existas,
ave que quiere aparearse conmigo.

Para que no existas.
Oasis.
Espejsmo incrustado

Pr'antes de menstruar


Domingo.

Se alzó de la cama, preparó el desayuno, dejó música inundando el acuario y cerró la puerta tras él. Fran se fue y me dejó dormida manto desnudo de cuerpo, me dejó como tina rebalsando, como tibio líquido esperando sus piernas sumergiéndose, sus brazos flotando, sus dedos cometa de cabellos. No esperó verme despierta y yo no fui, esta vez, la que huyó del buen día, de la mañana obligada de palabras, del fin de lo nocturno poblado de silencio, de la bendita ausencia del verbo.

Cómo contarte esto, Pourcupine, cómo llenarte los oídos del vientre cenit de verano que llevo en la boca.

Cómo

El ser me pesa y afuera no hay nadie aguardándome y yo, yo no espero nada, no espero más de los puentes de las avenidas de las manos desunidas de las personas ni del silbato disparo en la sien del policía.

Estrellar el auto en el próximo cinema
liberar la belleza de las verdaderas estrellas

La soledad del maniquí observado, el maniquí habitante de vitrina, los rasgos simétricos a la medida del traje. Estólida, te han hecho creer y has creído ser bella y qué tienes ahora, la garganta destrozada, el vómito cotidiano de quien se busca temerosa en el espejo, tienes blancas uñas mordidas, al hongo desintegrando materia, la materia y tu cuerpo mutación mutilada, tú, tú tan asustada escondiéndote del sol del sonido de la luz de la bioluminiscencia del animal marino.

Y qué sabe él de los secretos de mis cicatrices.
Fran se halla contemplándome y yo lo deseo así, así tan callado, tan número críptico mente encerrada. Lo deseo meditabundo, absorto, calma irreal de árbol, así cual saludo inconcluso, saludo hirviendo dudas, de sus no sé, de su edad fruto verdoso caído y rodante.

Silbido, esa incapacidad frustrante de pronunciar mi nombre, pero de qué me vale a mí su nombre, Poucupine, si de él lo único que sé, de él, su nombre, su piel tiza lívida y de la parquedad spaventosa que puebla de miradas.



Ausentenimalia


Tuviste hambre y te dormiste
y te olvidaste de las ovejas
del campo y del trigo,
de la avena a fuego lento cociéndose
del por qué ahora la alarma,
este reloj punteagudo clavándose
en la carne onírica,
de los ojos nebulosos llenándome
de infinitas galaxias el pecho,
de mi cuerpo celeste de niña,
de este síndrome que
dibujan las manos sobre la guarida del grillo

Tuviste hambre y te dormiste
y te fuiste caminando
colgado en el paso lento de los faroles
y me susurraste desde el profundo mar
la desnudez de las amebas
el relato acuífero del útero contraído
me hablaste de lo infinito
del capullo vacío de la polilla,
de la muerte de la abeja sobre la palma de la noche adversa

Y acá cayeron las estrellas suicidándose
soplando el polvo que habita en el rocío
Y acá cayeron...
primera noche segundo día
la madrugada entera pesante,
un tercer impacto,
un impactado cuadro incandescente
de cometas encendidos


(aún no despierto)



nonsenso

Estoy húmeda y el mundo sueña

Descalza, frialdad loza y nervio. Y evoco la naturaleza de tu espalda, la curva de la columna mirando el mundo al revés, la longitud de los dedos sobre el teclado. Hoy la noche y cada estrella sobre cada palabra.

La radio,
la emisora jamás oída
el cartílago aún no besado
02.05

Hoy eres adulto, Pourcupine, y yo, yo no puedo dejar de reírme.


Constat-ne tibi?


A ti,
Todo lo que hoy llamamos cultura, educación, civilización,
tendrá que comparecer un día ante el juez infalible Dionisio

Nietzsche


madrugada, 09 octubre,
repite la mente

Lonche de las 7

Para cuando te vayas
deja las ventanas abiertas,
al viento batiendo cabellos,
que nunca he confiado
en quien encierra la luz vespertina

Cuando has preguntado
dónde va el mar dónde la estrella constante
yo solo he mirado el fondo insondable
de la taza y del café,
el destino fatalmente alegre,
la alegría no destinada del cachorro

He mirado a taita encaneciendo
a taita con la espalda
Atlas doloroso
a la mama resignada de rutina,
a esa extraña capacidad del rebaño
de la muerte oliéndose acariciada

Y no le he abrazado
y solo
me he echado a correr
para sentirme viva
para dormir
bajo la sombra de algún pino

Geografía no táctil


Quería escribirte,
contarte cómo el pez se pierde en el océano,
que acá en pleno afelio la cama es húmeda
y la loma poblada de verde.

Y preguntarte, tú, en mi mismo meridiano,
con el mismo huso horario de estos relojes,
los hoy detenidos en el óxido de mis huesos,
preguntarte,
qué sucede al olvidar los nombres y las fechas,
las que quedaron tras las retinas del tordo.

Describirte
cómo mis dedos continúan arrugándose,
sumergidos en placenta matutina
y anunciarte que el año bisiesto está próximo
y mi vientre aún más páramo, aún más plano.

Acá no se ven las estrellas,
los brillos de un cuerpo quizás ahora muerto,
mas aún siento al león sobre el cráneo,
a toda la jungla iracunda y temosa en cautiverio.

Aún no sé cómo borrar los nombres de los labios,
cómo los rostros se soplan hacia los trópicos
como tú, Cáncer, apareándose con los peces.

Y escribirte
y contarte que la casa es muy grande
y largas las piernas de mi pasadizo.
Allí, donde repta la serpiente
y cambia de piel cada tanto.

(from now onwards)


Era una mañana, una naranja partida, una mujer partiendo la naranja.

La avenida enturbiada de gente, la mujer y las manchas blancas en los cabellos

la alegre melancolía de guepardo lamiendo el horizonte

el saltito de una niña que abrió la jaula

y aquí desde la ventana, la humedad azulada

el hálito gélido en los dedos

la flor de loto abriéndome la piernas.