Constat-ne tibi?


A ti,
Todo lo que hoy llamamos cultura, educación, civilización,
tendrá que comparecer un día ante el juez infalible Dionisio

Nietzsche


madrugada, 09 octubre,
repite la mente

Lonche de las 7

Para cuando te vayas
deja las ventanas abiertas,
al viento batiendo cabellos,
que nunca he confiado
en quien encierra la luz vespertina

Cuando has preguntado
dónde va el mar dónde la estrella constante
yo solo he mirado el fondo insondable
de la taza y del café,
el destino fatalmente alegre,
la alegría no destinada del cachorro

He mirado a taita encaneciendo
a taita con la espalda
Atlas doloroso
a la mama resignada de rutina,
a esa extraña capacidad del rebaño
de la muerte oliéndose acariciada

Y no le he abrazado
y solo
me he echado a correr
para sentirme viva
para dormir
bajo la sombra de algún pino

Geografía no táctil


Quería escribirte,
contarte cómo el pez se pierde en el océano,
que acá en pleno afelio la cama es húmeda
y la loma poblada de verde.

Y preguntarte, tú, en mi mismo meridiano,
con el mismo huso horario de estos relojes,
los hoy detenidos en el óxido de mis huesos,
preguntarte,
qué sucede al olvidar los nombres y las fechas,
las que quedaron tras las retinas del tordo.

Describirte
cómo mis dedos continúan arrugándose,
sumergidos en placenta matutina
y anunciarte que el año bisiesto está próximo
y mi vientre aún más páramo, aún más plano.

Acá no se ven las estrellas,
los brillos de un cuerpo quizás ahora muerto,
mas aún siento al león sobre el cráneo,
a toda la jungla iracunda y temosa en cautiverio.

Aún no sé cómo borrar los nombres de los labios,
cómo los rostros se soplan hacia los trópicos
como tú, Cáncer, apareándose con los peces.

Y escribirte
y contarte que la casa es muy grande
y largas las piernas de mi pasadizo.
Allí, donde repta la serpiente
y cambia de piel cada tanto.

(from now onwards)


Era una mañana, una naranja partida, una mujer partiendo la naranja.

La avenida enturbiada de gente, la mujer y las manchas blancas en los cabellos

la alegre melancolía de guepardo lamiendo el horizonte

el saltito de una niña que abrió la jaula

y aquí desde la ventana, la humedad azulada

el hálito gélido en los dedos

la flor de loto abriéndome la piernas.


Martes 26


Hoy te pido que me pongas los zapatos
que estoy echada en cama
acumulando una espalda enferma
que hoy no, hoy no puedo levantarme.

La sequedad del cabello
estas miradas perdidas
estos rincones de ropa sucia
gritándome
alzarse al sol
alzarme y correr
abismo hondo impenetrable.

Estoy acá
con la cara mancha desesperada
con cada gota de café descargándose
y arrastro los pies
me arrastro
animal temeroso del olvido
animal de aurora a quien la noche golpeó.


Inspirando



Pequeño ser, abre las manos y échate a volar

Resquicio

Ciudad formándose ladera de río.
Todos los ríos murmuran,
crujido de nostalgia rojiza.
Y una mano cegando al sonido
una bocina llena de lamento.

Qué te han dicho los ríos, melena aleonada
Ya no oyes al silencio púrpura de cielo

ya no habitan alondras debajo de tus alas.

Aún soy algo perro cruzando el puente de mañana

Pianto e Fazzoletto


Los pies de barro llenos

toda inundada de nocturno manto carmesí

llena de fango doy pasos

minúscula piedra dentro del zapato

piedrecita hablándole al pie amoratado

hablándole a un rostro pueblo de ojeras


Y en esta ciudad podredumbre de tránsito

soy un puerperio patológico

los patos no nadan lógicamente

qua mi trovo qua t’ho detto

trovami qua pianto di fazzoletto

yo no sé nadar y poco sé de nada

he aquí la hecatombe de los sueños

la razón de haber olvidado el color de tu nombre

café cargado de herrumbre

materia olvidada adherida en drenaje


Miedo disuelto en las retinas

soy una gota de lluvia ahogada en las manos

te das un golpe en el pecho puño enrojecido

no me digas hay que fumarnos la vida

que se ha esfumado el compás violáceo de tus latidos


Escribo para olvidar que aún respiro

que aún no encuentro la madriguera de mi secoya

Estoy seca y afuera llueve