K' efecto

Nube
Náusea
Nube musical,
náusea nube catatónica.

Los vi-drios
de
la
ventana
mo-difican

Sueño,
aletargamiento
miento, miento.

Fijación roja pupilas.

Alguien susurra al oído,
se toca los labios,
bordeándolos.
Borde hormiga
amor jeringa.

Tibieza de brazos
y de nuevo,
llanto
el mismo dolor.

Animal, asida del labio.
Temblor boca
ira provocada.


Sucede así, a cinco cuadras y llamándonos, berreando a través del teléfono y todos esos modos de comunicación que te hacen más incomunicativo, porque podríamos gritar mirándonos las arrugas, pero somos así, manzana papaya podrida. Aquí rutina estancada, pozo agua anegada, jarrón flor. Y él grita, cariño, le saca llanto a la canción, y todo aquí se hace más pequeño, en este cuarto donde los bichos hacen el amor y a mí me queman las sienes de tanto cero indefinido.

Dona'm Sa Ma


Una taza con café caliente para que tus senos dibujen colinas, café con leche para dar aroma a las pequeñas muertes, al surgir de la vida, para despertarte con el cuerpo recorrido, con los sueños olvidados, con llanto seco de luna entre las piernas.

Una mañana ciega en la bañera, fundida con el olvido de los huesos, con la escasez de deseo diurno. Despertar de un sólo yo, aun con cuerpo alterno al lado(y la facilidad de ilusa, del aprendizaje de nosotros ante una realidad de , de yo).

Ahora, pequeña mía, haz café y endulza al sentimiento, al que se conforma con azúcar porque ya olvidó la textura de otras manos, porque ya olvidó al juego enamorado de las calles.

Acurrúcate sobre el sillón, cruza las piernas, deshaz la realidad al cerrar los párpados, al apagar las luces y piensa que la sangre al secarse, que el latido al detenerse puede tornarse color café
como la tierra sobre la que alguna vez te apareaste, aunque estés pronta al olvidarlo.

El recuerdo suele volverse lágrima.

Llena la estancia con olor de humedecida tierra,
de madera del monte,
de hierba del alba.

Llena el viento de pupilas vidriosas, de palabras calladas, de silencio iracundo y abraza los olvidos, las melodías, las lenguas de los animales infinitos que habitan en tu vientre y desnuda las calles con el frío de tu cuerpo.



Necesito contarte
qué miedo da la lluvia en los cristales.
Hoy cae sobre mi casa la noche oscura.

Salvador Espriu




Sexo,
gatos y
café
.

No rumbo,
marcación en el corazón,
caminos coloreados de incierto,
rutas hechas nubes,
árboles, ruedas, sábanas tibias,
noches de calles frías.
Rocamadour, estás durmiendo o mirándote los pies.

Rocamadour, no entiendes, no entiendes aunque yo te susurre a través de las paredes que tus sueños están vigilados por policías, vigilados. Así no puedes volar, Rocamadour, te han atado los piecitos a los catres de la cama y yo me balanceo sobre el tejado de tu casa para abrir la ventana, para romper el vidrio, para que logres respirar, pero el yugo se apodera del inconciente, mom petit chou.

Y si no estás durmiendo, a lo mejor le coqueteas a las nubes que adornan el paisaje, pero ninguna te da un guiño ni un beso al viento, Rocamadour, las nubes están muertas, tal vez petrificadas, quizás sean hologramas, sí, Rocamadour ¡hologramas! La realidad es sólo el vapor de la leche con la que callan tus llantos, los besos falsos de tu madre, la sonrisa esfumada de tu padre. Y tus sueños, Rocamadour, tus sueños son proyecciones programadas en la filmoteca de mutilaciones, pero tú no deseas saberlo: los suicidas saltan a una piscina de sonriente pavimento.

Los policías viven en casa, a quemar la comisaría, a tirarse por la ventana y caer sobre el césped con los brazos abiertos, para abrazar al mundo, para plasmar sobre tu pecho los sueños más bellos y contarte los últimos cuentos sin pufos en las ramas para el árbol de tus dudas.

El mar se ha hecho vino, donde habitan quienes no llegaron a venir.
La arena saluda mi insinuaciones de llanto, pero mi corazón ya no se ahoga echado entre las sábanas, se sumerge en el mundo que vive dentro y se cobija entre las amebas de un útero que ha dejado de latir, mas no de sangrar. A veces me tomo algo de mar cuando las gaviotas se arrullan en mi piel, cuando la luna se convierte en leche fresca y yo en cachorro hambriento; para que luego mis retinas escurran el agua bebida al deletrear recuerdos de mis pequeñas vidas, las que se ahogaron en mi llanto, en mi savia blanca podrida y en el deshielo de los icebergs de mis dientes.

A la vuelta de la esquina: Lejanía

Viaje al polvo de las estrellas,
un puñado de sonrisas negadas te atacan de golpe,
él te golpea con abrazos hechos a tu medida,
y aún de nuestras espaldas brotan peces y sirenas.

No sueltas las amarras,
siguen atados los caballos.
¿Dónde y cuándo se alimenta a sí misma la vida?
Por ahora de tus pechos la leche se encuentra ida.

Me niego la risa,
y ella se rehúsa a ir.
¿Qué haremos si mañana no es sólo un adverbio de tiempo?
Él ha de continuar soñando debajo de tus senos,
y entre tus muslos ha de tatuar truenos.

No, nada de lo dicho es cierto
y ella con lágrimas se pinta el cuerpo
pues no vuelan ya canciones,
la genética es la nueva lucha de clases
entre mis telarañas que soplan desaciertos.

Aparición incompleta

Tengo niños sueltos en la garganta,
que me caminan en los huecos de la lengua.

Tengo niños que se esconden entre mis dientes,
que hacen sonreír a mis encías al estornudar sobre mis sienes.